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Conexión, el desafío de la época

Conexión, el desafío de la época

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             Vivimos una época que para muchos resulta difícil, a veces caótica e incluso desesperanzadora, debido a los conflictos de diversas índoles, que dejan a la vista la polarización de posturas ideológicas, la división y la desintegración familiar y social, sin embargo si escuchamos a personas que han vivido en diferentes tiempos, sin duda cada una de ellas podría decir algo similar acerca de su experiencia de vida, lo cierto es, que algo que caracteriza a la existencia de la humanidad a través de tantos años, es el cambio constante y cada generación ha realizado los ajustes necesarios para adaptarse a “su época”.

            Por naturaleza nuestro cerebro está diseñado para ayudarnos a sobrevivir y esto sucede tanto a nivel fisiológico, como a nivel metal, gracias a esta cualidad ha sido posible que el Ser humano siga existiendo en la faz de la tierra hasta nuestros días. De alguna manera nuestros pensamientos y creencias, son consecuencia de la experiencia de millones y millones de personas que aprendieron a prueba y error, en principio como sobrevivir, como evolucionar y como hacer frente a los desafíos de la época en que vivieron, de acuerdo a esto, una de las principales prioridades de la humanidad ha sido protegerse ante la percepción de cualquier amenaza.

            Dicha predisposición a la protección es natural y muy útil, ya que nos ayuda a resguardarnos ante el peligro y en la historia de la humanidad hay muchos ejemplos de ello, desde los primeros hombres que se ocultaban en cuevas, posteriormente la construcción de castillos con enormes muros, las armaduras que protegían a los ejércitos que iban a las guerras, la creación de armas para defensa y ataque, etc., todo esto para evitar la vulnerabilidad ante el enemigo.

            Es posible que en la memoria de nuestros cerebros, haya quedado una profunda huella que nos orienta a evitar el sentirnos vulnerables y expuestos, y aunque aparentemente estamos en la era de las conexiones, en donde en segundos es posible saber lo que sucede en el rincón más lejano del planeta, la realidad es que vivimos desconectados de nosotros mismos y de quienes nos rodean, ya no utilizamos armaduras de hierro, sin embargo, nos cerramos y evitamos mostrar nuestras flaquezas, nuestros dolores, nuestras tristezas, nuestras necesidades, nuestros más profundos anhelos, ante un sistema que nos exige ser exitosos, felices y eficientes de acuerdo a ciertos estándares.

            La lectura que hacen nuestros cerebros ante dichas exigencias es similar al peligro percibido por los hombres primitivos en la época de las cavernas; nuestro entorno se ha convertido de muchas maneras en una amenaza constante, lo que nos provoca estar en un estado de alerta y defensa en las cosas más cotidianas y esenciales de la vida, que tienen como consecuencia el deterioro de nuestra salud y algunas veces el desgaste de los vínculos con las personas que más apreciamos.

            Nuestro gran desafío es cultivar la conexión con nosotros mismos, escuchando y reconociendo nuestros sentires agradables o desagradables; recuperando la confianza en quienes somos y sobre todo atreviéndonos a ir más allá de nuestros esquemas mentales para comprender que en los demás al igual que en nosotros mismos, también hay alegrías y tristezas, dolor y frustración, anhelos y necesidades, nadie es perfecto. Podemos ir más allá de nuestros juicios y ser un espacio en donde el otro aparezca así como es y conectemos desde las coincidencias y no desde la diferencias.

Con todo cariño

Adriana Gutiérrez Gastélum.

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